Concluyendo…

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante es una película de culto que, al igual que su director, se ha ganado la eternidad artística y que pretende ser un paso más hacia la reinvención del cine.

Las obras de Greenaway están muy marcadas por su estilo, que es bastante complicado de definir, basado en la pintura, con conocimientos artísticos (estudió arte), influencias del cine europeo (Antonioni, Bergman, Godard, Pasolini y Resnais),  y que gozan de alto contenido simbólico.

Greenaway trata de alejarse de las convenciones y formalidades del cine e intenta reinventarlo porque lo ve aburrido, vendido a la industria y, sobre todo, muy falto de personalidad. Su declaración de intenciones es crear películas que se puedan disfrutar con los cinco sentidos, un buen ejemplo de ello es precisamente esta película que ha sido analizada, pues a partir de las imágenes que se vemos y lo que escuchamos, podemos prácticamente oler, tocar y saborear lo que hay en ellas, gracias especialmente a su expresiva textura. Además se centra en combatir las limitaciones que presenta la tecnología en la composición del cuadro (incluso se reta a él mismo rodando en panorámico) y coge también la composición de la pintura de manera que domina la dirección de nuestra mirada a la perfección. Es por esto que en la película queda claro que es un pintor de imágenes, que tiende a crear escenografías barrocas y muy geométricas (también influenciado de la pintura), por naturaleza le es normal pasar de imágenes delicadas a grotescas.

Es curioso observar como la película en cuestión nos propone una manera original de plantear una trama, basándose en la temporalidad según los menús del restaurante, por lo que este modo está muy bien integrado y justificado. De alguna manera “rompe”, entre comillas por no ser del todo cierto, la estructura los tres actos planteada desde los inicios de la narración y adopta la del teatro o la ópera. De hecho, al inicio del film se abre un telón rojo y al final se cierra.

Quien haya visto más obras de este realizador puede observar que Greenaway mantiene la tradición de repetir elementos o imágenes que ya han aparecido en films suyos anteriormente, por ejemplo: el orden y las colecciones, como las estanterías de libros y la disposición de los objetos como bodegones; la obsesión por las letras y los números, que le ayudan a clasificar y que para él tienen un valor en sí mismos, como las letras del nuevo cartel del restaurante (de un estilo muy circense); la anatomía, que se ve continuamente con cuerpos desnudos y que no tienen por qué ser eróticos (intento de acercar al humano hacia lo animal); la búsqueda de lo geométrico, el equilibrio, la simetría, sólo tenemos que fijarnos en la composición de los elementos en las escenas; los homenajes a diferentes tipos de arte, como los cuadros, la literatura, la música, la arquitectura, etc.; el estilo barroco, sobrecargado, excesivo, como los fiambres abiertos en canal; el mostrar imágenes en uno o más cuadros, expuestas sobre la imagen principal; el uso de la música minimalista de Michael Nyman, etc.

El hecho de que la película esté inspirada en el barroco (tanto a nivel lumínico como de composición) y que se haya escogido rodarla en un formato panorámico no es casualidad. En las composiciones que tienen lugar en la película vemos a muchos personajes en el mismo plano, tal y como ocurre en los cuadros propias de ese período. Para conseguir que tantas personas quepan en una misma imagen es necesario hacer uso de un formato amplio que permita encuadrarlo todo, en este casi escogieron el panorámico. Este formato muestra algunos inconvenientes. El más evidente es que cuando se encuentran sólo dos personajes en el cuadro, como cuando Michael y Georgina mantienen los encuentros sexuales, queda mucho espacio libre a los laterales y presenta el hándicap de tener que rellenarlo de alguna cosa. En el caso de este film en concreto este inconveniente tiene una solución más sencilla ya que al estar rodado íntegramente en un estudio es más fácil mantener el control de los otros elementos que aparecen. Además, aunque en general se cuidan mucho los decorados y se contempla hasta el más mínimo detalle, Greenaway no quiere esconder que se trata de un plató ya que al principio no duda en mostrar las estructuras que lo sostienen.

Resulta muy interesante como divide el estudio en cuatro estancias diferentes y dota a cada una de un color. El comedor, rojo; la cocina, verde; el aseo, blanco; y el exterior, azul. Hay que tener en cuenta que estos colores no son gratuitos. Como todo en su filmografía tiene un por qué, un simbolismo. El azul simboliza la frialdad y la carencia de sentimientos. Es el color que se utiliza en las primeras imágenes de la película cuando se maltrata a un personaje con lo que el color encaja a la perfección. El verde siempre ha significado esperanza, en este caso la esperanza de los amantes de poder tener encuentros íntimos y escapar juntos. El rojo que vemos en el comedor simboliza la carne, la violencia, el infierno y es que en estas escenas Albert no para de humillar a Georgina. Significa también pasión y es que los amantes se conocen e inician su coqueteo en este mismo sitio. Por último el blanco representa el cielo y lo puro ya que es en los aseos donde tiene lugar el primer encuentro en privado entre los amantes.

Es muy interesante que se separen las localizaciones por colores y que no sólo cambie el color de los decorados sino también el vestuario de los personajes, además de una forma muy natural que resulta prácticamente inapreciable.

Muchas películas tratan los temas del color, aunque los grandes referentes serían esta y Tres colores de Kieslowski. Aunque la segunda sea posterior es dudoso que tomara como referente la idea de Greenaway ya que el director polaco tiene un estilo propio muy claro también.

No hay duda de que toda la obra del realizador galés está muy influenciada por el mundo de las artes en general, ya no solo de la pintura. La puesta en escena de la película que nos concierne tiene un punto absolutamente teatral. El hecho de realizar pocos movimientos de cámara y de que la mayoría de estos sean travellings laterales que dan la sensación de que estemos observando como en un teatro se va de un decorado a otro no hace más que enfatizarlo. La arquitectura tiene importancia en cuanto a la construcción de decorados y al juego que se realiza con estos. Y obviamente la pintura resulta imprescindible para comprender las composiciones, los cromatismos, la estética en general.

Igual que hay un color asociado a cada localización también encontramos sonidos propios de cada una de ellas. En el exterior del restaurante se oyen principalmente los aullidos de unos perros, que congenia muy bien con el tono frío de la escena. En la cocina oímos el llanto que viene a ser como un cántico de un niño, que no sabemos bien bien qué hace ahí pero que nos va acompañando. Por último, en el comedor predominan los ruidos producidos por las cuberterías y las conversaciones que tienen lugar entre los diversos comensales. La función de todos estos ruidos en este caso es la de contribuir a crear un ambiente claustrofóbico durante la película.

La genial banda sonara está compuesta por uno de los más grandes músicos actuales, Michael Nyman, con quien Greenaway ha mantenido cierta relación de colaboración durante varios films. Aunque ya habían trabajado juntos con anterioridad y Greenaway apreciaba su obra, la banda sonora se realizó bajo la supervisión del director galés, lo cual no deja de ser una muestra de cómo le gusta controlar todos los aspectos de sus obras. La banda sonora es magnífica en general, pero sobre todo habría que destacar la manera que tiene de acompañar a la acción, alternando lo sensual con lo dramático y lo religioso con lo vocal. La banda sonora actúa como potenciadora de las imágenes, aumentando el sentido de la decoración, la ambientación y la puesta en escena. Logra captar plenamente el espíritu de la película.

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